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lunes, 7 de noviembre de 2011

Soledad Silveyra: "Tengo tantísimo para aprender todavía"


Entre la solidaridad y el aprendizaje. Protagonista del especial anual que emitirá El Trece sobre el Sida, la actriz sueña con hacer un clásico en el Teatro San Martín.



Todo transcurre en una bella casona en Caballito. Elena está intentando rehacer su vida después de divorciarse tras 30 años de casada. Después de mucha insistencia de su prima, acepta la invitación para ir a un boliche. Luego de la larga noche, la mujer amanece desnuda, con un travesti en su casa. “Ahora puedo tener toda la casa infectada”, dice desesperada, en una llamada de teléfono, envuelta en sábanas. Al rato, el director grita ¡ corten! y todos festejan.
La escena forma parte de Volver al ruedo, el programa de la Fundación Huésped por el Día Mundial de Lucha contra el Sida. El especial se emitirá el 2 de diciembre, a las 21.30, por El Trece; como sucedió en las anteriores emisiones –éste es el décimo envío consecutivo- la producción se realiza al costo, los actores trabajan ad honorem y el canal dona lo recaudado por venta publicitaria a la institución. Contada como una comedia de enredos, la historia gira en torno a una pareja que decide separarse; la hija de ambos está embarazada y siente las inseguridades y el fantasma del VIH.
La Elena que busca encauzar su vida es Soledad Silveyra. La prima entusiasta es Mónica Ayos. Y el elenco se completa con Jorge Suárez, Eleonora Wexler, Luciano Cáceres, Boy Olmi y Miguel Angel Rodríguez, entre otros.
Sentada en el jardín de esta casa de los años ‘30, “Solita” cuenta que el tema la toca de cerca porque perdió a alguien muy cercano por la enfermedad en los ‘90; habla del rol social de los actores. Y dice con entusiasmo de principiante que sueña con hacer un clásico en el Teatro San Martín.
-¿Cómo es tu personaje y qué sentimientos te removió grabar las primeras escenas?-Elena es una mujer muy prejuiciosa, miedosa y ochentosa en relación a lo que es el VIH. Me cuesta mucho recordar mi historia personal porque perdí a un ser querido muy cercano, a raíz del Sida. Fueron diez años muy duros, en los que él y todos los que lo rodeamos sufrimos mucho. Es uno de los motivos por los que decidí hacer este programa; me gusta la idea de poder transmitir un mensaje. Me acuerdo mucho de aquellos prejuicios de los años ‘80. Alguna vez, viví de cerca que alguien pidiera un cambio de sábanas porque ahí había dormido una persona que tenía el virus. Pasé muchas situaciones como ésa.
-A lo largo de tu carrera, siempre fuiste una activa participante en este tipo de causas. ¿Te parece que forma parte de la obligación de un artista?
“Artista” es una palabra que me queda grande. No soy como las vedettes que andan diciendo que son artistas. Para mí, un artista es un creativo, un Picasso. Nosotros somos un transmisor entre el texto y el público. Me considero una trabajadora de la cultura o una actriz popular, pero no una artista. En cuanto al trabajo social, es algo a lo que estoy acostumbrada y creo que forma parte de nuestra obligación. A cada ministro de Educación que me encuentro, cualquiera sea su partido, le digo de la importancia que tiene la difusión de la lectura en las escuelas y me ofrezco para participar. Pienso en hacer algo muy simple: ir a una escuela y leer un cuento. Para un chico, no es lo mismo oír un cuento leído por la maestra que por Ricardo Darín, por dar un ejemplo. Se acordará siempre de ese día. Creo que los actores deberíamos ser más convocados. Cuando nos llaman, ponemos el cuerpo.
Lía Soledad Silveyra Urien, tal es el nombre verdadero de la actriz, tiene más de 40 años de trayectoria. Hizo teatro, cine y televisión, como actriz y conductora. Pese a tanto camino recorrido, habla con alegría renovada del teatro y de Javier Daulte, el director de Espejos circulares , que está haciendo hasta fin de mes en el Paseo La Plaza, junto a Jorge Suárez, Boy Olmi, Andrea Pietra y Victoria Almeida. Dice que dedicará los próximos meses a buscar obras, que sueña con pisar el escenario del Teatro San Martín y ser dirigida por “esta nueva y brillante generación de directores”.
-¿Cómo fue la experiencia de ser dirigida por Daulte? -Quisiera tenerlo a mi lado toda la vida. Pienso en él, en Claudio Tolcachir, en Alejandro Tantanian... Me encantaría seguir laburando con esta generación brillante de directores, sin menospreciar a los de mi generación. Todos tienen seguridad y una mirada del mundo particular, además de una fina ironía en la construcción de sus personajes. Nunca son del todo buenos ni del todo malos. Después de grabar los programas para El Trece voy a dedicar varios meses a buscar una obra. Me gustaría hacer El jardín de los cerezos , de (Antón) Chejov. El teatro shakespeareano y el chejoviano requieren de compañías grandes y sería muy difícil hacerlo a nivel privado. Quizá puedo armar una cooperativa. Todavía no lo sé.
-¿Alguna vez hiciste un clásico?
-Nunca lo hice y no me parece justo. Alguna vez me gustaría poder trabajar en el Teatro San Martín; una vez fui convocada, pero luego me bajaron porque dijeron que no estaba a la altura del teatro.
-Sos una actriz con varias décadas de carrera y a la que no le falta trabajo. ¿Todavía te duelen esas cosas?
-Claro que me duele, porque me encanta el teatro y porque la sala Casacuberta me parece un espacio maravilloso. Sé que no me voy a morir sin estar en ese teatro. Voy a empujar para que eso suceda.
-¿Es cierto que fuiste alumna de Tolcachir este año?
-Sí, hice un curso de tres meses con él y otro con el estadounidense George Lewis. Cuando no hago televisión, intento seguir formándome. Trato de meterme cosas adentro porque sino, uno saca y saca todo el tiempo. Es importante tener entrenada el alma y el cuerpo. Me meto en cursos en los que, a veces, soy la única veterana. Nunca tenemos que dejar de estudiar ni de entrenarnos; es una forma de aceptar todo lo que nos falta saber. Y yo tengo tantísimo para aprender todavía. Tantísimo...
Fuente:Clarín

jueves, 3 de noviembre de 2011

lunes, 17 de octubre de 2011

Próximo "La Biblia y el Calefón": Soledad Silveyra, Gabriel "el Puma" Goity, y Claudia Fontán. Aún se desconoce al cuarto invitado.

domingo, 21 de agosto de 2011

"Somos actrices nacionales y populares" .

Soledad Silveyra y Natalia Oreiro se sonríen, miran y cuidan como si fueran madre e hija. Y no es que siguen mimetizadas en sus personajes (Leonora y Marta, respectivamente) de la película Mi primera boda, dirigía por Ariel Winograd y con fecha de estreno para el 1º de septiembre, sino que existe un cariño de otros tiempos, y algunos más actuales: “¿Como querés sentarte?”, pregunta Oreiro. “Me da lo mismo. Yo quiero que te sientas cómoda y cuides tu pancita”, responde Solita y acaricia el vientre de la esposa de Ricardo Mollo, quien se encuentra en su cuarto mes de embarazo. “Tengo fecha para finales de enero”, cuenta Oreiro. Y la ex Rolando Rivas taxista agrega: “Capaz que nace de acuario, como yo”. 

—¿Cómo fue reencontrarse después de “El deseo”?
OREIRO: Cuando hicimos la novela tenía 24 años, y también hicimos de madre; fue un encuentro muy especial y mucho tiene que ver que me identifique mucho con la carrera de Solita.
SILVEYRA: Encontrarse con Natalia es un placer, es una mujer que ha empezado de chica en esta profesión, compartimos la ideología, no solamente en lo político porque nos consideramos nacionales y populares; me gusta decirlo así, y también en la filosofía de vida. Admiro su calidad de empresaria a los 34 años, y cuando entré en la boutique (Las Oreiro) me emocioné al verlas tan brillantes. 
—¿Es cierto que hace más de una década dijiste que Oreiro era tu sucesora? 
S: Es cierto. Pero no tengo esa parte empresaria, soy un desastre (se ríen). Ahora tiene su camino recorrido, pero al principio, recuerdo que ella estaba grabando en Canal 9 (Dulce  Ana) y yo estaba haciendo La hermana mayor; me la crucé en un pasillo, iba caminando con Pablo Echarri (ex novio de Oreiro), la miré y le dije: “Vos vas a ser una gran estrella argentina”. 
—“Un cuento chino”, con Ricardo Darín, reunió más del 50% de espectadores de las películas nacionales. ¿Con cuántos espectadores estarían conformes?
O: Los suficientes como para que los productores puedan recuperar el dinero que invirtieron y que puedan seguir filmando; algo que generalmente no sucede. Ahora se arman muchas co-producciones asociadas, se necesita mucho dinero, escucho a muchos que dicen: “Apoyemos al cine nacional”, pero lo real es que las pelis duran dos días en cartel y hay muchos que no pueden estrenar. No hay salas. ¿En qué quedamos? Darín elige muy bien las películas, tiene una credibilidad increíble por los últimos trabajos que realizó que fueron exitosos, y la gente lo va a ver porque sabe que elige buenas historias y productos. 
—El personaje de Daniel Hendler es judío y cuida muchísimo la plata. ¿Cómo se manejan ustedes con el dinero?
O: Nunca lo tuve como objetivo; creía que si mejoraba como actriz y en elegir bien las películas y novelas, iba a ganar más, pero era como consecuencia. Nunca gasté más de lo que tenía, nunca me gustó pedir plata prestada, no me gustan los créditos. Me gusta regalar, viajar, vivir lindo, si hay algo que me gusta me tiro de cabeza, si el dinero no se mueve, no vuelve a entrar; es algo energético. Con lo que gané en Sos mi vida puse Las Oreiro, cumplí un sueño familiar de corazón.
—Solita, ¿sos conservadora o derrochadora?
S: De conservadora no tengo nada (se ríe). Soy un desastre. Pero sé vivir sin nada, me acomodo a la situación, acá podes tener un tiempo y otro no, cosa que pasa mucho a los actores, a no ser de haber actuado mucho en los 90 y haber guardado dólares. Son pocos a los que le pasó. A mí no me tocó, quizá Francella o Arturo (Puig) con cuatro años de Grande Pa! pueden tener tranquilidad. En la vida del actor esta eso de preguntarse: “¿Que va a ser de mí mañana?”. 
—Las Oreiro regalaron ropa para La Casa del Teatro; ¿qué sienten cuando ven a colegas desamparados?
S: Es la explicación de lo que es la vida del actor. Ricardo Bauleo (actor) y Jacinto Pérez Heredia, que fue un productor que me marcó mucho, estuvieron o están ahí. No es una profesión fácil; tampoco envejecer es fácil, hay que prepararse bien para seguir trabajando.
O: Yo siempre llevé ropa, mucho antes de que tuviera el negocio, imaginate que desde que lo tengo, lo siento como una obligación.
—Natalia espera un varón,  ¿recuerdan lo primero que compraron cuando supieron el sexo?
S: Hoy quería hacerle un regalo porque fue muy generosa conmigo, me regaló vestidos, como el rojo, que usé en la película, pero voy a esperar hasta el estreno. Yo tuve dos varones, pero en verdad, no me fijaba en los regalos aunque quería tener una mujer, tal vez por mi infancia triste, por eso la veo a mi nieta mayor que tiene 3 años y muero de amor. Lo importante que estén bien, la salud. 
O: No. Acabo de llegar de Colombia, donde grabé una serie. Me gustaría hacer lo que no pudimos con mi sobrina; mi hijo nacerá en un lugar privilegiado, va a tener todo lo que necesite y no creo que eso sea positivo para mi hijo, tener todo lo material que quiera; quiero que pueda disfrutar lo que tiene sin esperar lo que vendrá. A veces, voy en un taxi por calle Thames y veo jugar al fútbol a los niños en un balcón y no lo puedo creer, me desespera saber que mi hijo no lo va a poder hacer en la ciudad como disfrutaba del campo en Uruguay. No tener tecnología o familia sustentable me generó mucha creatividad. Cuando mis amigas iban a ballet, yo hacía corte y confección. Ahora festejan los cumpleaños en un ciber.                   
—¿Que anécdota recuerdan de su casamiento?
S: Yo me casé a los 18 años con (José María) Jaramillo. 
O: Yo me casé a los 24 antes de El deseo...
S: ¿Vos te casaste? ¿Con quién? 
O: Sí, con mi marido, Ricardo (Mollo). 
S: Pensé que tenías otro en esa época. ¿Ves? Ya me tragué una década. Estoy como Susana (se ríen). La anécdota es que tardé dos horas en llegar, había 400 metros de cola, y que entré sola a la iglesia porque no tenía padre; me la banqué sola con los niños de la familia caminando adelante, tuve un momento de lágrimas... Fue difícil mi casamiento, mi vieja se había ido, era menor de edad, no me firmaban los papeles, fue durísimo. Pero me hice el vestido de Olivia Hussey porque en ese momento se había estrenado la película Romeo y Julieta que protagonizaba, nada más que lo hice en blanco. Todavía lo tengo.  
O: El mío fue en Brasil, muy hippie, descalza en un barco, nosotros dos y nadie más. Nos casó un capitán, en una isla ecológica que se llama Fernando de Noronha. Para la ceremonia nos robamos flores de un jardín para mi corona y el ramo y los testigos fueron dos habitantes de la isla. Fue un 31 de diciembre, atardecer súper especial. 
—¿Cómo está Ricardo con el varón?
O: Feliz, porque él es padre de dos nenas. ¡Imaginate! Seguramente que va a salir rockero y tocará la guitarra... En sí va a ser lo que quiera, mientras que no sea contador o abogado (sonríe). Eso sí, prefiero que sea músico en vez de actor.
S: A mí también, ojalá me llegue algún músico aunque de mi edad no quedan (se ríe).
O: Hay menos ego, el actor esta más pendiente de su imagen y el músico es más espirituoso, con lo que crea desde el instrumento, y no desde la cara. Si me das a elegir, que sea músico.

 Lejos de la TV. Mientras Natalia Oreiro se dedica al cine y a su nueva etapa de madre, Soledad Silveyra está feliz con la Espejos circulares, que se exhibe de miércoles a domingos en el paseo La Plaza. “Hacía mucho tiempo que no me sentía feliz en teatro. Por suerte, llegó esto porque mi salida de la novela (Secretos de amor, en Telefe) fue muy problemática y vamos a seguir hasta noviembre.”

—¿Van a hacer temporada?
SILVEYRA: No, porque no nos coordinan los tiempos con Boy (Olmi), Jorge (Suárez), Andrea Pietra y Boy (Olmi).  
—¿Por qué no están en TV?
OREIRO: Porque tenía lindos proyectos en cine y quería dedicarme a ellos. No por nada en particular. Siento que estoy en una edad linda para poder acompañar a los personajes de cine. Hoy por suerte puedo elegir. 
S: Es un momento difícil para los actores, está todo muy mediático y nos tenemos que manejar con mucho cuidado. Sólo volvería con una idea buena, alguien increíble que me dé seguridad, un genio, pero siento la necesidad de producir. Lo tengo que hacer, no es fácil porque no tengo un mango, por lo que me tiene que contratar un canal y dirigir en teatro.
—Luego de lo que pasó con Bertuccelli, ¿las llamaron de “Sábado bus”?
O: Nos comentaron algo; no lo vimos al programa porque acabo de llegar de Colombia y Solita está en teatro. Yo voy a ir el sábado que viene.

Fuente: Perfil/Espectaculo


sábado, 20 de agosto de 2011

Soledad Silveyra: "Lo llevo en mi corazón".


Edición impresa. Solita Silveyra evocó a Sandro con motivo de cumplirse hoy el 66º aniversario de su nacimiento. “Era una persona reservada y educada”.


Hoy el “Gitano” cumpliría 66 años. Por tal motivo, se realizarán diversos homenajes para evocar al gran ídolo. Soledad Silveyra compartió con Sandro dos filmes: “Quiero llenarme de ti”y luego, con un personaje de mayor amplitud, en “Gitano”. En la antesala de la función de “Espejos circulares”, “Solita” habló con “Crónica” y destacó que su recuerdo “lo llevo en el corazón”.

Los ojos de “Solita” brillan, emoción mediante, y hay lugar para la evocación. Se nota en el reflejo de su mirada, en el movimiento de sus manos.

-¿Cómo era Roberto Sánchez?
-Un ser muy solitario, reservado, su intimidad formaba parte de un lugar sagrado, casi inexpugnable.
La actriz puntualizó que su dedicación al trabajo era total. Muy estudioso de su personaje y de la historia. Se lo veía siempre en su camarín estudiando el guión.

-¿Cómo era el trato del ídolo con sus compañeros de trabajo?
-Siempre generoso. Nunca se lo iba a observar quejándose o criticando a otra persona. Era una persona con una gran integridad, con un soporte de educación importante y sobre todo, su característica era el respeto hacia los demás.

“Solita”, una y otra vez, remarca el trato que el cantante tenía para con todos. “Le gustaba participar de las reuniones y siempre tenía una charla muy amena”.

-¿Fue Sandro un gran gran seductor?
-Conmigo la relación siempre pasó por un gran respeto. Fijate que cuando filmé “Quiero llenarme de ti” yo tenía apenas 16 años y para mí, el teatro como el cine eran realmente un verdadero descubrimiento. Siempre se presentaba como un gran caballero. Sus aportes pasaban por la gentileza y por, reitero, una actitud de servicio en cuanto a brindar una mano cada vez que la situación así se presentaba.

-¿ Cómo era tu relación Sandro en ese entonces?
-Eramos buenos compañeros de trabajo. Yo aprendí a amar a Sandro con el paso de los años. En la época de las películas, yo era como una especie de “concheta” de Barrio Norte y no me sentía tan seducida por un cantante que tenía una gran ascendencia en los ámbitos más populares. Lo redescubrí como artista con el paso del tiempo.

-¿Cuál es tu canción preferida del ídolo?
-Varias, pero la que más me seduce es, sin lugar a dudas, “Quiero llenarme de ti”.

-¿Qué anécdotas nos podés contar del ídolo?
-Hace unos años estuvimos en una reunión en la casa de Graciela Dufau. Roberto me acompañó a mí y a Tania que también estaba en esa reunión. La partida fue realmente inolvidable. Todos estábamos con unas copas de más y lo que cantamos y hablamos en ese regreso fue como para grabarlo.

Simplemente, el recuerdo de “Solita”. Afectos y memoria de una vida recorrida. Sandro, siempre presente.



Fuente:Cronica

sábado, 13 de agosto de 2011

Soledad Silveyra: “De chiquita quería ser monja”


Tuvo una infancia dura y, sin embargo, añora a la niña que fue. A los 12 debutó como actriz para mantener su casa. A los 59 es una de las más queridas del medio.
Ella es ideal para este tipo de notas, a alma abierta, franca, sin ese filtro que distorsiona los recuerdos. Así como recuerda, comparte. “Quisiera recuperar más de mi niña. Una vez, en una clase, Joy Morris –maestra de actuación- me hizo hacer un ejercicio muy interesante:‘Imaginate a la Solita de 5 años parada al lado tuyo. Que hable una y que hable la otra’ . Yo, la de 50 en ese momento, al lado de la otra era ‘permiso’, ‘perdón’, ‘¿puedo?’ , cuidadosa, siempre pendiente de que me quieran. La de 5 era guau... Me salió una nena tremenda. Porque, claro, a los 5 yo pateaba al farmacéutico que le vendía pastillas a mi mamá. Apareció esa chiquita con un carácter infernal, que sabía defenderse y defender a la madre, que no se dejaba atropellar. Esa fortaleza que me dio una infancia dura debía haberme convertido en una mina sin tanto problema. Pero estoy aprendiendo a no pedir tanto perdón, a decir más lo que siento”, se abre Soledad Silveyra, desde esa sinceridad que el tiempo no le quitó.
    Viene de un embotellamiento en la Panamericana, la espera una función de Espejos circulares , pero diluye el vértigo, invita una ronda de café en su camarín y, a pesar de dejar la puerta abierta, pareciera no existir el ‘afuera’ . Todo es adentro, es íntimo, es hondo. Es como ella sabe contar, siempre dejando la hendija por la que se cuela esa risa que la descubre. Aún en medio del relato más crudo.
    Cuenta que en la obra –de miércoles a domingo, en la sala Pablo Picasso del Paseo La plaza- tiene “un bocadillo en el que digo ‘Ellas discutían todo el día’ . Y ahí nomás me brota la memoria emotiva, porque enseguida me voy a ese griterío de mi infancia, entre mi madre y mi abuela. Detesto la pelea. Tengo el recuerdo de estar encerrada en mi cuarto escuchando a todo volumen ‘Déjenla sola, solita y sola, que la quiero ver bailar, saltar y brincar, andar por los aires y moverse con mucho donaire’ . Que creo que fue la Biblia de mi vida: porque si hay algo que me divierte es moverme con mucho donaire”. La escena, entre sepias, grises y estridencias, la encontraba “poniendo ese disco de pasta amarillo en el Winco, que del otro lado tenía La farolera ”. Cree que el Solita salió de esa canción que escuchaba sin testigos.
    “Vuelvo varias veces a la infancia, pero hay cosas que borré. Fue una época brava. La vi sufrir mu cho a mi vieja y fijate que se terminó pegando un tiro a los 52 años”, dice la mujer que se casó a los 18, “fundamentalmente porque amaba mucho a (José María) Jaramillo, pero creo que también quise rajar de ahí”.
    Ese ‘ahí’ quedaba en Talcahuano 638, “a donde nos mudamos cuando tenía un año. Antes vivíamos en San Isidro, hasta que mis viejos se separaron. Verás que tuve unos primeros años muy paquetes... Tanto, que cuando empecé a laburar en la tele con Darío Vittori, un divino, todo me parecía un cacherío : chica de zona norte, luego Barrio Norte, colegio Jesús María... Graciela Borges quedaba un poroto al lado mío. Esto ya se lo he dicho a Gra . Yo era re conchetita”.
    Difícil imaginarte así.
    Es que he luchado bastante, he bajado todo eso, he sentado a mis hijos a mesas importantes y a mesas de campesinos. No sé de dónde me vino, pero yo voy por la igualdad. Debe ser de tanto haber escuchado A desalambrar . Me contaron que el otro día Chiche (Gelblung) dijo ‘Uy, esta Solita que pasa de un intelectual a un ex vicepresidente, a un tachero, ahora a un boletero...’ . Y la verdad es que al boletero todavía no lo conocí. Ojalá llegue.
    Reconoce que siempre tuvo “conciencia del otro y eso me salvó. Por eso disfruto tanto de esta obra, en la que no encabezo: formo parte de un grupo, que es un pedido que hice”. Y a cuento de los resortes que tocó el trabajo grupal, cuenta que hace poco sintió la necesidad de anotarse en cursos de actuación: “Creo que mi musa inspiradora para volver a estudiar fue Vicky Almeida -una de sus compañeras-, de la que no me canso de hablar, porque es un ser excepcional artísticamente. Así que primero hice un taller con George Lewis y ahora voy a lo de Claudio Tolcachir. Y siento que me conecto con todo lo que no hice de joven. Soy bastante autodidacta, porque tuve que salir a ganar el mango a los 12 años”.
    Confiesa que “de chiquita quería ser monja. Vivía poniéndome una toalla en la cabeza y me llamaba la atención el hábito. Cuando pasé al colegio Santa Rosa siempre quería mirar debajo de las enaguas, era algo que me volvía loca”. Otra de sus viejas postales narrativas habla de cuando se encerraba en el baño con su hermano. “Hacía Antígona o imitaba a Pinky. Y un día fue a casa el gran actor Zelmar Gueñol y, al escuchar mis bocadillos, me preguntó si quería probarme en la tele.
    ‘No sé si quiero actuar. Lo que quiero es ganar plata’ . Se había muerto el segundo marido de mi madre, habíamos vendido todo y hacía tres meses que estábamos a caldo y galletas. Fui a Teleonce, me tomaron una prueba y quedé. Y ahí empezó todo esto”, explica la Pobre diabla , la Mónica Helguera Paz de Rolando Rivas, taxista , la cara bonita que le hace un jaque al tiempo.
    Y le gana. Tal vez porque, a los 59 años, con dos hijos y tres nietos, volvió al edificio de su infancia “para grabar algo para un programa que estoy armando, lo recorrí y me vi en esos pasillos, me vi escondida, me vi... Yo creo que lo que me ha salvado en la vida es que yo nunca tapé nada. Y entonces puedo revisar y contar”. Verbos que no son para cualquiera.
    Fuente:Clarín/Espectáculos